“PENSEMOS ALGO DISTINTO”

Posted: 2012/10/03 in iritzia

Imágenes para el escenario de la crisis

El mío es un barrio en el que se concentra gran parte de la pobreza de la ciudad.

Sus calles empedradas recogen cada día el deambular cansino de centenares de personas de razas, colores y acentos bien diferentes.

En el idioma de la gente guay, diríase que es el barrio más cosmopolita de Gasteiz.

En uno de sus edificios emblemáticos (seguimos con los tópicos), se ubica un restaurante de nivel. De nivel alto, quiero decir. El pasado lunes, el espectáculo a su alrededor era bien diferente: al menos cinco coches oficiales, de esos de marca y gama de lujo; los respectivos chóferes, más trajeados que mi padre el día de su boda; un microbús y varias dotaciones de la Ertzaintza.

No sé quién estaba dentro. Pero lo que podría asegurar casi al 100% es que tú y yo, y mis vecinos y vecinas de ese barrio, y de toda la ciudad, pagamos la parafernalia de fuera y las comidas y bebidas de dentro. Esa es una de las imágenes de la “España en crisis” que más me mosquea. Hay quienes, muy al contrario, solo se revuelven contra quienes osan mostrar las imágenes que son fiel reflejo de la miseria.

El New York Times publicó la pasada semana un reportaje sobre la crisis social y humana que está dejando en el Estado español la crisis financiera. Y lo hizo coincidiendo con la visita de Rajoy a la capital estadounidense. Ilustraban el texto quince imágenes tomadas por el fotógrafo Samuel Aranda, encabezadas por la que mostraba a una persona rebuscando en un contenedor de basura.

Estas imágenes y el escenario de hambre y miseria que dibujaba el artículo han provocado reacciones de todo tipo en los medios españoles. Desde el patriotero que responde con un “ellos sí que tienen miseria”, acompañado de fotografías de personas sin techo en las calles neoyorkinas; hasta el que afirmaba en una tertulia televisiva que, aunque la crisis está golpeando a la sociedad española, la imagen de quien hurga en las basuras es exagerada.

Yo no sé exactamente dónde tomó Aranda esas fotografías. También desconozco el calado real de la crisis fuera de los territorios del sur de Euskal Herria. Pero sí conozco lo que me rodea, y en resumen, estas son algunas de las imágenes que conforman el escenario de la crisis que yo veo cada día desde mi ventana, en mi trabajo o paseando por las calles a cualquier hora del día:

 

Primera imagen: Dos personas hurgan en los contenedores de residuos, ayudados de un mango de escoba con un gancho en la punta. Buscan con especial atención el gris, en el que se depositan los residuos no reciclables. Extraen una a una las bolsas. Sacan comida, ropa, botes de todo tipo en los que aún quede algo… y así van llenando su particular carro de la compra.

 

Segunda imagen: Carmen limpia un portal. Con 56 años, y tras 23 trabajando en ayuda domiciliaria, una madre con alzheimer a la que cuidar y un marido que acaba de perder su empleo con cerca de 60 años, ha debido pluriemplearse porque ahora es el sustento principal de la familia y en su empresa no pueden darle más horas porque Diputación está reduciendo todo servicio relacionado con la atención a la dependencia. Pronto, muy pronto, será ella quien necesite ayuda.

 

Tercera imagen: Camisetas anaranjadas tras una pancarta, símbolo de la lucha de los trabajadores y trabajadoras de una de las muchas empresas en crisis. La pionera en aplicar las reformas de Rajoy. Ya son más de cien los despedidos, y las amenazas continúan. Son cientos de familias en las que no entra un sueldo normalizado a casa desde hace meses. Símbolo de una realidad que afecta ya a miles de personas.

 

Cuarta imagen: Miren factura sus maletas en el aeropuerto. Es joven y se considera bastante preparada, a pesar de lo cual siempre había soñado con viajar para enriquecer su currículo laboral. Pero nunca hubiera pensado que iba a tener que hacerlo obligada porque aquí no hay salida laboral digna, ni encuentra vías de avance en la universidad, ni puede pagarse un piso para salir de su casa… No tiene billete de vuelta.

 

Quinta imagen: En una estación de ferrocarril otro joven afronta un viaje también sin billete de retorno. Tardó meses y sufrió grandes penalidades para alcanzar el sueño europeo de las libertades y las oportunidades. Y ha pasado los últimos meses de oficina en oficina, mendigando unas ayudas para sobrevivir. Los mensajes racistas que algunos han empezado a lanzar para cazar votos en las próximas elecciones han terminado por convencerle. Se va.

 

Decía Mario Zubiaga en un reciente artículo en GARA: “Si realmente creemos que somos un país diferente, pensemos algo distinto”. Y digan lo que digan López, Basagoiti, Maroto o incluso Urkullu, o buscamos una manera propia, no ya de afrontar esta crisis, sino de gobernarnos, de gestionar nuestros recursos económicos, naturales, humanos, culturales… o no hay salida. No hay salida con las formulaciones del entramado institucional y legal del Estado español. No la hay en las propuestas caducas y prácticas corruptas de la política clásica. Y tampoco desde el sindicalismo reducido por mor de las sucesivas reformas y recortes a la gestión de la pura miseria.

Cuando va haciéndose cada vez más evidente la importancia, la necesidad, la urgencia de la soberanía para pueblos como el vasco o el catalán, esas mentes preclaras de la política local hablan del mal negocio que se supone que haríamos desmembrándonos de la “gran patria”. Pero yo solo veo que las decisiones de Madrid son robos a mano armada y que unirnos en la “gran patria” solo hace fuertes a los de siempre. Y miro con envidia la salida que dio el pueblo islandés (330.000 habitantes) a la crisis provocada por políticas corruptas. Y me pregunto si no podríamos caminar hacia algo parecido en dignidad y decencia. Por qué no podemos aquí caminar de una vez hacia “un «nuevo trato» en torno al modelo social, productivo, fiscal y financiero”, como decía Zubiaga en el artículo antes mencionado.

En resumen:

Que no hay varitas mágicas, ni soluciones inmediatas a nuestros problemas cotidianos.

Que las huelgas y movilizaciones son y seguirán siendo imprescindibles mientras la injusticia siga imperando.

Y que todos esos esfuerzos corren el riesgo de quedarse en nada si no están acompañados de compromisos, una nítida actitud de desobediencia frente a los culpables del desastre de hoy, y alianzas firmes para avanzar en la apuesta por Euskal Herria, por todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas de este país.

Txotxe Andueza

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